lunes, 28 de febrero de 2011

El descubrimiento de una Leyenda: Troya



Cuando tenía unos 16 años, leí por primera vez un libro que me ha marcado y mucho... y que por desgracia, he perdido... Y es que relacionando una cosa con otra, he recordado esa frase que dice: "Los libros tienen su orgullo; cuando se prestan, no regresan nunca" de Theodor Fontane... Acabo de recuperarlo en formato digital para poner un párrafo de este libro que me parece muy interesante y que siempre me ha impactado cada vez que lo he leído, que dicho sea de paso, han sido muchas veces... Durante mucho tiempo este libro estuvo en mi mesita de noche... Se trata de "Dioses, Tumbas y Sabios", de C. W. Ceram, pseudónimo de Kurt Wilhelm Marek, un periodista y crítico literario alemán que durante la Segunda Guerra Mundial fue hecho prisionero en Italia. Durante su cautiverio, aprovechó para leer libros de Arqueología y una vez finalizada la Guerra, publicó este libro por primera vez en 1949... A día de hoy sigue siendo un Best Seller, pues además de haber sido traducido a casi treinta idiomas, se han vendido millones de ejemplares y aún hoy, siguen publicándose nuevas ediciones... Este libro además es la "Biblia" de historiadores, arqueólogos... y apasionados de la historia, como éste que escribe...

Hablar del descubrimiento de Troya, es hablar de su descubridor, de aquél que persiguió un sueño comparable quizás a cuentos de ciencia ficción... pero que en éste caso se hizo realidad... De quien hablo no es otro que de Heinrich Schliemann, arqueólogo por vocación, visionario que siempre creyó, desde su más tierna infancia, en que "La Iliada" de Homero narraba hechos históricos reales. Su biografía me resulta fascinante, pues es un modelo de persona que consigue tener éxito, que triunfa pese a tener una cruda infancia, en la que parece no haber más salida que la pobreza... Este niño se quedaba todas las noches leyendo "La Iliada", a la luz de una vela... Y un día, el pobre tabernero se convirtió en un rico hombre de negocios gracias al té y a la suerte... pues un temporal arrasó con todas la mercancía de té excepto la de su barco, teniendo así la vista comercial de aprovechar esta oportunidad que le daba el destino...



Lector incansable con una facilidad casi sobrehumana para aprender un idioma en pocas semanas ( se tiene constancia de que hablaba más de veinte idiomas ), se casó con una joven griega, Sophia Engastrómenos, de quien idealizó como a la mismísima Helena de Troya... De hecho, no dudó en adornarla y fotografiarla con el Tesoro de Príamo recién descubierto, como aparece en esta imagen...


A nadie se le hubiese pasado por la cabeza de que aquella ciudad que descubrió fue la auténtica ciudad de Troya... Y en cierta forma, tenían razón, pues la ciudad de de la Troya homérica que buscaba Schliemann la había dejado un poco más arriba... Y es que la ciudad había renacido de sus cenizas una y otra vez, hasta completar un total de nueve veces... De hecho, Schliemann creyó durante un tiempo haber identificado a la Troya homérica en el estrato II, hasta que pasado un tiempo, tuvo que reconocer que la verdadera Troya narrada por Homero se encontraba en un estrato superior, concretamente en el estrato VI. Resulta tan interesante la historia del descubrimiento de Troya, que a pesar de contar lo que cuento aquí, sería para escribir un libro mucho mayor que el de "Dioses, Tumbas y Sabios"... pero claro, esto se trata de un blog... y hay que resumir...





La imagen superior pertenece a un fragmento de un papiro en el que se narra la historia de Troya en "La Iliada" de Homero... datado aproximadamente sobre el siglo II antes de Cristo... Y a continuación, os dejo con un fragmento del libro de C. W. Ceram que narra una historia muy particular sobre cómo se redescubrieron las vasijas que en otro tiempo, pertenecieron a los troyanos y que fueron usadas por los supervivientes de la Alemania Nazi...




"(...) El hecho de que tales colecciones fueran depositadas definitivamente en Berlín para su posesión y conservación perpetua se debe, por ironía, a un hombre para el que la arqueología era sólo objeto de afición: el gran médico Virchow, el cual logró que Schliemann fuera nombrado miembro honorario de la Sociedad Antropológica y, después, ciudadano de honor de la ciudad de Berlín, al mismo tiempo que Bismarck y Moltke.
Schliemann, como un ladrón, había tenido que asegurar su tesoro huyendo de las garras de las autoridades, y lo conservaba oculto. Después de muchos rodeos, algunas piezas importantes de su colección pudieron llegar de Troya al Museo de Prehistoria de Berlín. Durante varios decenios, este tesoro estuvo allí, donde pasó todo el tiempo de la guerra de 1914-18. Pero vino luego la segunda guerra mundial con su secuela de bombardeos. Parte de las colecciones se salvaron de la destrucción y fueron trasladadas a lugares seguros. El «tesoro de Príamo» pasó primero al Banco Nacional de Prusia y más tarde al refugio antiaéreo del Zoológico de Berlín. Ambos lugares fueron destruidos. La mayor parte de las piezas de cerámica pasaron a Schönebeck an der Elbe, al castillo de Petruschen de Breslau y al castillo de Lebus. De Schönebeck no se ha conservado nada. De Petruschen no se tienen noticias, ya que la región pasó a formar parte de Polonia. El castillo de Lebus fue saqueado al terminar la guerra y más tarde el Gobierno de la Alemania Oriental ordenó su demolición. Pero poco después llegó a Berlín la noticia de que en Lebus quedaban aún piezas de cerámica. Una investigadora obtuvo el permiso para hacer averiguaciones en Lebus, pero no consiguió ayuda de las autoridades locales. Tuvo entonces la idea de procurarse veinticinco kilos de caramelos y pedir a los niños que le trajesen piezas de cerámica antigua. Y aunque los niños aprendieron muy pronto a romper en pedazos las piezas enteras para obtener así un caramelo por cada pedazo, consiguió reunir algunos ejemplares intactos procedentes de las casas, donde los campesinos brandeburgueses utilizaban de nuevo las vasijas, fuentes y jarros en que habían comido y bebido los antiguos troyanos y la familia real de los Átridas.
Pero descubrió aún cosas más graves. Después de la derrota alemana, los supervivientes de Lebus no tenían idea del valor de las piezas de barro que se guardaban en aquellos cajones. Y al renacer la vida en el pueblo, cada vez que se celebraba una boda iban los chicos con un carretón, lo llenaban de urnas y ánforas, los insustituibles hallazgos de Heinrich Schliemann, y los rompían entre alegres gritos a la puerta de los novios.
Así fueron destruidos por segunda vez los restos de Troya y reunidos por segunda vez con la ayuda de medio quintal de caramelos. (...)"
DIOSES, TUMBAS Y SABIOS
C. W. Ceram
Ed. 1985

El extracto puede parecer un poco largo, pero engancha, verdad?  :-)
Siempre me fascinó la historia de las cerámicas troyanas en la Segunda Guerra Mundial... Una historia que encierra otra historia... 



Upuaut

2 comentarios:

  1. Insensato .... que se nos llena esto de Troyanos
    xDDDDD

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  2. Yo también conozco bastante bien la historia de Heinrich Julius Schliemann, y he de admitir que la primera vez que la leí me puso los pelos de punta. Es algo tremendo creer de tal manera en algo así, que gracias a un sueño o una ilusión rescatas del pasado una realidad perdida. Me encantó.

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